Transitando las crisis emocionales

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Los temas que surgen para escribir estos artículos, siempre emergen de situaciones reales y recientes de la vida real y estas aparecen siempre como una tendencia: varias personas llegan comentando la misma situación o  alguna muy parecida y esta es la manera en la que dejo que el universo mismo sea quien decida los temas y se convierta en la inspiración para escribir estos artículos.

En estos días, ha aparecido el tema de aquellas crisis de tristeza, dolor, incertidumbre. Aquellos momentos en los cuales nos sentimos en un limbo en nuestra vida y que nos hundimos, ahogándonos en huecos, mares de tristeza, de dolor, de angustia, de incertidumbre y desesperanza. Toda luz se apaga a nuestro alrededor y los colores de nuestro mundo se vuelven grises. Bien sea que estemos atravesando por la muerte reciente de algún ser querido, una crisis de pareja, o simplemente “no nos hallamos”; cerramos los ojos y estamos en un punto, en donde nos sentimos paralizados. Por un lado no podemos detener el sentir estas emociones y buscamos desesperadamente cómo dejar de sentirlas y por otro, la posibilidad de dejarnos llevar por ellas nos parece aterrador.

Si bien, ambas opciones existen, mi consejo es mejor seguir la segunda. ¿Por qué?… porque si decidimos anestesiarnos al dolor (¡lo cual es totalmente respetable!. ¡Cada quien maneja sus crisis como puede!), cuando pase el efecto de la anestesia, nos vamos a sentir peor. Sea cual sea la anestesia que elijamos, eventualmente nos encontraremos mirándonos al espejo, contemplando el reflejo del dolor nuevamente ante nosotros.

Así como el mensaje que nos deja la película “Intensamente” (Inside Out), la mejor manera de manejar lo que nos pasa en la vida es viviendo nuestras emociones a medida que aparecen. Aceptarlas y reconocerlas. Ya que son la mejor guía que podemos tener. Las emociones y las crisis están ahí para llevarnos por el camino que debemos transitar y para protegernos. Y en los casos de estas crisis profundas y dolorosas, como nos lo muestra la misma naturaleza: después de la tempestad, viene la calma. Después de la destrucción, renace la vida… y nuestra vida no es la excepción.

Si estás en uno de estos momentos que menciono aquí, quisiera invitarte a hacer el siguiente ejercicio. No sin antes recordarte que cuando estés en crisis, no la tienes que cargar solo/a. Rodéate de personas; tu familia, amigos, pareja, padres, vecinos, personas en el parque, compañeros de trabajo, etc. NO ESTAMOS SOLOS, NI TENEMOS POR QUÉ ESTARLO. También, si sientes que no aguantas más, ¡PIDE AYUDA PROFESIONAL!. No eres ni el primero ni el último que está pasando por dicha situación. Eres humano y como tal, tienes derecho a que te cuiden y te ayuden. Busca a un psicólogo, a un amigo, a un consejero, pero ¡no a un bartender! (¡ojo!…pasa).

Meditación  – Visualización para momentos de crisis profunda e intensa:

Busca un lugar en donde te sientas cómodo en una silla o en el piso, cama o donde te sientas más cómodo. Este ejercicio lo puedes hacer acompañado de alguien que te cuide. Especialmente si sientes que estás muy deprimido, entonces ¡NO LO HAGAS SOLO!

  1. Siéntate cómodo, cierra los ojos y respira profundo.
  2. Conéctate con la emoción que te incomoda o aqueja en este momento. Déjala que surja.
  3. Imagina que le subes el volumen o la intensidad y déjala que aflore en tu rostro, cuerpo. Si sientes ganas de expresarlo con sonidos, palabras, quejidos, gemidos, lágrimas, gruñidos, etc., permítete expresarlo.
  4. Luego respira profundo y sigue sacando de tu cuerpo estas emociones, como si fuesen una sustancia o un objeto que pudieses sacar de tu cuerpo y ponerlo afuera. Si te sirve, puedes visualizar que luego de haber expresado esas emociones, las sacas de tu pecho y vientre como si fuesen un hilo largo y enredado. Imagina que lo vas sacando lentamente con ambas manos y lo vas dejando fuera de ti.
  5. Después, continúa con los ojos cerrados, cómodamente sentado, respira profundo e imagina que eso que sacaste fuera de ti, se convierte en un río. Imagina que el agua va corriendo y que tu estás sentado a la orilla del río de tus emociones contemplándolas, mirándolas, aceptándolas y dejándolas fluir. Estas emociones, no están ya dentro de ti, o por lo menos ya no las sientes con tanta intensidad, sino que están fuera de tu cuerpo y ahora las haz convertido en un río que fluye frente a ti.
  6. Cierra los ojos, recuéstate y siente cómo ese sonido del agua corriendo, te invita a dejarte llevar. Déjate llevar por la corriente que siempre lleva todo a un lugar diferente al que estamos.  Luego, podemos despertar de ese pequeño sueño o estado de relajación, abriendo los ojos y sintiendo que ya amaneció, que la vida continúa y que hoy es otro día, otra oportunidad para que sucedan milagros. Acepta, agradece, perdona.

Si al despertar al día siguiente sientes que sigues en medio de la pesadilla, vuelve a hacerlo todo de nuevo. Imagina que estos momentos son como un proceso de desintoxicación, limpieza y profunda transformación.

Te recuerdo que  este ejercicio NO REEMPLAZA UNA OPINIÓN NI TRATAMIENTO PROFESIONAL. Si sientes que lo que te pasa es más complejo y difícil que la solución que aquí te planteo, cuéntame tu caso y buscaré orientarte de la mejor manera posible de acuerdo a tus necesidades y posibilidades.

¡Besos!, ¡Cariños! y ¡Abrazos! y ¡MUCHO ÁNIMO!

 

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