La Escritura Como Ejercicio Terapeutico

Con frecuencia pensamos que escribir es un arte propio de cierta élite privilegiada con talentos sobrenaturales, que al enfrentarse a un papel o a una pantalla de computador, le fluyen maravillas en las letras porque simplemente nacieron así… GENIOS. Mas no nos detenemos a pensar que todo el tiempo estamos escribiendo. Si. Lo hacemos en nuestra mente. Nuestra cabeza rara vez se detiene y entra en silencio. Somos testigos de una narrativa interna permanente y si la invitásemos a salir a través de la escritura, nos sorprenderíamos de cuánta genialidad habita en nuestras cabezas todos los días, todo el tiempo mientras habitamos este planeta.

Esta narrativa no solo refleja nuestros pensamientos en una forma lineal. Realmente es el diálogo constante entre todos los personajes que nos habitan. Solo que mientras esta conversación está a nivel del pensamiento, difícilmente podemos ver la interacción entre todos ellos.

Es por esto que en mi experiencia, me he sorprendido que no solo hablar con nuestras partes internas (ejercicios propios de la terapia Gestalt) es positivo, sino que también poner este torrente de ideas en la escritura, puede resultar en un ejercicio interesante en donde nos podemos dar cuenta qué dilemas, emociones e incluso soluciones, quiere develar nuestra más profunda psique.

Para esto no es necesario pensar lo que se va a escribir. Simplemente animarse a tomar el lapiz o la computadora, y dejar salir todas las palabras y frases sin pensar. Eventualmente es válido leer lo que se ha escrito, pero eso sí; no para borrarlo sino para intentar hacerle preguntas a ese personaje que ahí se ha expresado, tales como: ¿qué quisieras que pasara?,  ¿qué necesitarías para no sentirte así?, o simplemente, ¿cómo quisieras sentirte?. Nos sorprenderíamos al ver la capacidad que tenemos de inconscientemente ser nuestro propio consejero y más sabio y honesto terapeuta.

El Sagrado Derecho a Cometer Errores

Siguiendo las señales que me muestran en estos días, hoy amanecí con la intuición de escribir sobre lo que llamo “el sagrado derecho a cometer errores”.

Con frecuencia, desde nuestras “buenas intenciones” sentimos la necesidad de ayudar a los demás. Acudir a ellos y tratar de sanarles o acompañarles a superar sus obstáculos, a sentirse más  acompañados, menos frustrados, etc.  Señalo entre comillas las “buenas intenciones” dado que en muchas de estas ocasiones, las personas a las que consideramos como “necesitadas” en realidad no están pidiendo nuestra ayuda.

Es así como desde nuestro ego, pensamos que somos buenos, compasivos y misericordiosos al ir y ofrecer nuestra ayuda y arreglarle la vida a los demás; cuando en realidad estamos siendo invasivos, pues nadie nos ha pedido la ayuda.

No digo que siempre sea esto cierto. Realmente está en nuestra intuición y en la relación que tengamos con la persona en cuestión, el reconocer si realmente aquella persona necesita nuestra ayuda y hasta qué punto debemos intervenir, y hasta qué punto realmente se trata de nuestro ego queriendo validarnos y buscar algún pretexto para seguir aferrándonos a personas, relaciones o situaciones a las que ya es hora de dejar ir.

Por eso, la próxima vez que sientas la necesidad, el impulso de saltar a socorrer a alguien que ya no está (o nunca ha estado) en tu vida, pregúntate:

Es mi intervención lo que realmente  me está pidiendo esta persona?, Hasta qué punto se trata de su necesidad y no de mi sensación de angustia si no intervengo?, Hasta donde le estoy permitiendo a aquella persona hacerse responsable de su realidad y pedir ayuda? – si intervengo, no estaría quitándole este derecho?

Conectarnos con nuestra verdadera voz, nuestra intuición, nos permitirá poco a poco ir reconociendo qué es realmente lo que necesitamos hacer (o dejar de hacer).

¿Hasta qué punto puedo aceptar que dejar ir es un acto de amor mil veces más grande que invadir al otro ofreciendo mi ayuda?